Los coches de los coleccionistas bajan de revoluciones

El sector de los automóviles clásicos estabiliza las ventas tras años de un crecimiento inusitado impulsado por nuevos compradores

Agarrar el volante de un Ferrari de los años 70, sentir cómo ruge el motor de un Volkswagen Golf de los ochenta, acomodarse en el minúsculo asiento de un Mini de los sesenta, imaginarse estar dentro de las mil películas en las que salen estos coches…O pensar en el dinero que se conseguirá con la venta de alguno de ellos. El negocio de los coches de coleccionista mueve millones de euros en todo el mundo y durante mucho tiempo estuvo sustentado por la pasión y el dinero de los entusiastas de los automóviles históricos. Pero vivió un repunte en los primeros años de recuperación después de la crisis, con la entrada de perfiles con gran poder adquisitivo y ganas de especular con la compraventa de estos vehículos. Últimamente, el ritmo de ventas se ha estabilizado y los expertos hablan de una «corrección» del mercado tras unos años en los que se han batido muchos récords de ventas.

En el mundo de los coches de colección hay dos publicaciones que miden la temperatura de este negocio: el Classic Car Auction Yearbook, publicado anualmente por Historica Selecta, y el indicador mensual que publica Historic Automobile Group International (HAGI). El primero muestra una serie estadística que fue subiendo hasta dispararse en 2014 y 2015. De los 301 millones de euros que suponía el negocio en todo el mundo en 2009, pasó a los 622 millones en 2013. Y de ahí, en dos años, escaló hasta los 1.080 millones de euros en 2015. Habiendo tocado techo, las ventas se redujeron casi un 10% al cabo de dos años. El último Yearbook publicado, correspondiente al periodo 2017-2018, indica una subida más moderada, del 3,2%, hasta los 1.011 millones.

«Se está estabilizando, el mercado se está corrigiendo después de unos años de mucho incremento», explica Dietrich Hatlapa, uno de los fundadores de HAGI. Este indicador, de periodicidad mensual, se basa en 50 modelos de coche de 19 marcas distintas. En la edición del mes de junio, muestra una caída interanual del 6,6%. Hatlapa cree que habrá que esperar a la próxima edición del Yearbook (que resume todas las subastas importantes), a finales de año, para ver si se confirma la tendencia. «Lo que pasó después de la crisis fue que las personas que tenían dinero vieron en este negocio una oportunidad. Ahora, hay más dinero líquido y más donde invertir», resume Hatlapa.

El perfil de comprador de coches clásicos de gama alta es mayoritariamente estadounidense, británico, francés e italiano, según los datos del último Yearbook. En 2018, había en oferta 5.628 coches de este tipo y se vendieron 4.228, el 75%. Casi la mitad de los coches que se compraron costaron menos de un millón de euros, mientras que solo el 11% (seis coches) costaron más de 10 millones. Las cuatro principales marcas son Ferrari, Porsche, Mercedes-Benz y Aston Martin. «Los compradores son gente con dinero, claro, pero también muy entusiastas, amantes de los coches raros de los que solo hay pocos modelos o que hayan ganado alguna carrera importante», señala el fundador de HAGI.

Una de las ventas más caras fue en 2018, un Ferrari 250 GTO de 1963, que fue adquirido por David MacNeil, consejero delegado de WeatherTech, por unos 67 millones de euros. Los compradores asisten a las subastas o se dejan asesorar por las empresas especializadas, que a su vez muestran los coches en los salones de coches de coleccionista. Uno de los más importantes es el salón Rétromobile, en París, donde en febrero de este año la empresa Artcurial Motorcars vendió en tres días por valor de 42 millones de euros, un 31% más que el año anterior. En el salón se batieron diez récords y uno de los coches más apreciados fue una berlinetta Alfa Romeo de 1938 por la que un coleccionista americano pagó 17 millones de euros.

Los coches de colección evocan sin duda la imagen de vehículos carísimos aparcados en el garaje de un gran hombre de negocios. Sin embargo, esta es solo una parte del sector, que se nutre, también, de los amantes de los automóviles antiguos más populares. «Es posible que hubiese especulación en algunos modelos, como los Porsche, pero en muchos otros, hasta en los Mercedes, lo que hay es una demanda más consistente», explica Raúl Aranda, socio de la empresa Cochera Clásicos. «Se pueden vender coches muy caros, pero también muy baratos, de 1.000 o 2.000 euros. En España, Seat es la marca que más coches clásicos tiene», añade.

Muchas veces, los entusiastas del automovilismo solo tienen uno o dos coches que pertenecen a la familia y que se han restaurado y mantenido. Es el caso de Salvador C. Fábregas, que desempolvó un Mini 850 con matrícula de Barcelona de 1964, propiedad de sus abuelos, y lo restauró. «Le cambiamos el motor, el embrague, limpiamos los bajos, pintamos… entre sábados y domingos, tardamos un año, y costó algo más de 3.000 euros, porque lo hice básicamente yo», explica.

El negocio de las piezas

El sector, inevitablemente, necesita un negocio auxiliar, el de las piezas y la reparación. En España, una de las empresas con más presencia desde hace 25 años es Cars by Symon, que cuenta con un taller en Sant Cugat del Vallès (Barcelona) y está especializada en coches entre los años 50 y los 80. Aunque Marcos García, el gerente de la compañía, explica que tienen acceso a piezas de todas las marcas, y que también han restaurado coches más exclusivos, como un Mercedes SLK 500 clásico del año 1936, o modelos de BMW de los años 30.

«No hemos dejado de trabajar nunca. Es un sector de gente muy motivada. Ahora quizá está más de moda y se está abriendo más a gente que no lo conocía», explica. Según su experiencia, España se despertó tarde en la afición de los coches de coleccionista, mientras que en países como Inglaterra la tradición de mantener los vehículos antiguos está más arraigada. Por este motivo, la mayoría de las piezas vienen del Reino Unido. «Nosotros tenemos 28.000 clientes en toda España, algunos en Europa y en América del Sur. La mayoría tiene coches antiguos pero populares, y el mercado de los que cuestan por debajo de 30.000 euros es más estable y hasta se revaloriza», explica el gerente.

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